lunes

Suavicemos nuestros lamentos: sin la postmodernidad mediante, tal vez ahora seríamos sacerdotes o guerrilleros (o ambas cosas).

martes


Ser antimarxista y anticristiano me parece legítimo, siempre que quien lo sea presente soluciones contra la pobreza -mal que sí ha quitado el sueño a dialécticos y beatos. 

Hay que pensar y escribir como si la postmodernidad nunca hubiera sido arrojada contra el pensamiento y la escritura.