jueves

ESCORIA




Ya sabíamos que el fútbol tiene extraños poderes alquímicos: transforma a seres humanos en orangutanes. Ahora sabemos que también convierte a periodistas en escoria. Porque hay que ser escoria para reírse mientras le pasas por las narices dinero, móviles y tarjetas de crédito a un hombre que se muere de frío en las calles.

Hay una iniciativa en facebook para que este impresentable sea despedido. A falta de otra más expeditiva, invito a todo el mundo a unirse-espero lleguemos a los 100,000.

sábado

La Segunda Guerra Mundial pasó por el jardín de casa de mi abuela. Ella vivía en Bucarest cuando la entrada de los soviéticos. A los veinte años se escondía de los bombardeos en refugios, esquivaba soldados borrachos y contemplaba desde su habitación las resistencias finales del ejército alemán.
A mí todo eso –que sabía por mi padre- me fascinaba. La última vez que fuimos a Rumanía para verla yo tenía trece años y deseaba interrogarla; quería vivir todo aquello a través de ella, que sus descripciones me hicieran sentir la Historia.
Al principio fue reticente, pero acabó complaciéndome. Claro que aquello no fue como yo esperaba.
Le pregunté cómo eran los desfiles y las banderas, el olor a pólvora, la emoción de las masas en movimiento…Pero ella de todo de lo que me hablaba era de que en el 44, por las restricciones de le época, su hermana no tenía botas para el invierno y eso le angustiaba. Me enseñó las cartas que intercambiaba con sus primos del pueblo. Tenían fechas que según la enciclopedia coincidían con los avances rusos y grandes batallas, pero en esa correspondencia no se leía nada de eso. Todo eran consejos y preocupaciones sobre las malditas botas, por hervir bien el agua antes de beberla y hasta por poner unos tabiques que reforzaran el techo.
-Pero abuela ¡Estás tonta!¡Viviste la guerra europea y todo lo que te preocupaban eran nimiedades!-le grité.
-Mi hermana Elsa…el invierno…-recuerdo que murmuró antes de dar por finalizada la lección de Historia.
Al año siguiente mi abuela murió.
Huelga decir que ahora comprendo que la preocupación porque tu hermana tenga unas buenas botas para aguantar el frío balcánico es más importante que ver a cuatro chalados pegando tiros.