jueves


Charlie me dice que después del primer mes de relación con una chica comienza un cambio gradual del que casi no te das cuenta: pasas de ser el amante bandido a convertirte en su asistente social. Al principio Leidi era todo exhuberancia y ternura; cariñosa a la par que complaciente, prometía ser una novia perfecta. Pero poco a poco descubrió en ella cierta melancolía, algo de mal genio, quizá era un tanto caprichosa... Finalmente, justo a las ocho semanas, la mascarada cayó y ya sin tapujos se mostró colérica, depresiva y demandadora voraz. Me explica que hay mañanas en las que ella se despierta y dice que querría estar muerta. O ante cualquier eventualidad que no le gusta empieza a romper cosas. También gasta dinero sin control, sólo habla de sus ex novios y vomita antes de acostarse para que la grasa no ocupe lugar en sus caderas mientras duerme. 
Charlie está planteándose cancelar la boda. Hace un par de días se lo dijo y ella intentó suicidarse con pastillas azules. Los médicos le han pedido a Charlie que sea comprensivo.
Esta mañana le he visto ojeroso y con un pulso de anciano.
-En la que me he metido, tío…
Al no saber que decir le he dado palmaditas en la espalda.