jueves



Vivimos en una ciudad grande, con más o menos oferta cultural, miles de actividades que hacer y buen transporte público; parece normal que una persona le saque partido sola si no encuentra compañeros con los que hacerlo. Sin embargo no es la costumbre.


Era viernes por la noche, no tenía con quién quedar, y decidí ir al centro para ver una película, luego cenar algo, y tal vez volver andando casa pasada la medianoche. Nada más inocente; pero al cabo de un rato tuve una sensación rara, como si tuviera la bragueta abierta o comida en el bigote. Cercado por grupos de amigos alegres y ruidosos, parejas enamoradas, familias con niños trasnochadores, estaba haciendo lo que nadie hacía; algo raro, impertinente incluso: estaba disfrutando del ocio nocturno solo. En la cola de cine y en el restaurante lleno era examinado con recelo; lo que yo hacía era sospechoso ¿qué clase de marginado social va al cine solo en pleno centro un viernes por la noche?¿y cómo se le ocurre cenar fuera, exhibiendo su miseria, cuando lo propio sería que se enclaustrara en las mazmorras de las que seguramente se ha escapado?


Hubo un momento, cuando ya estaba pidiendo los postres, en que entró una chica guapa, también sola, y se sentó en la única mesa que había libre. En ese momento me creí legitimado, si alguien así iba a cenar sin compañía no era tan raro lo que yo estaba haciendo…lastimosamente un apuesto joven entró a los pocos minutos y se sentó con ella, echando por tierra mi coartada.


Al final de la noche, tras sentir que las miradas de desaprobación o burla empezaban a pesarme demasiado, decidí ahorrarme el paseo previsto y volver en taxi, ya que imaginaba el metro también copado por colectividades felicísimas que recriminarían mi osadía.


El taxista maniobraba con pericia en una Gran Vía alborotada y yo, en la parte trasera, iba mirando la noche madrileña, llena luces y de vitalidad etílica, donde todos sus habitantes se movían en grupos, siempre en grupos, y los indigentes enclavados en las esquinas o en los soportales me parecían unos pioneros, unos rebeldes.


¿De dónde se sacó alguien que los españoles son individualistas? Son una especie gregaria, mansa, siempre pendiente de los vecinos, de la familia y amigos, incapaces de hacer nada por sí mismos ¿individualista un país donde el destete se retrasa treinta años?¿dónde nadie quiere sacar los pies del tiesto?¿dónde se asume que los “coleguitas” de toda la vida hacen las veces de nuestros policías y jueces?   


Aquí nada cambiará hasta que no nos atrevamos a hacer lo que nos dé la gana un viernes por la noche, aunque signifique hacerlo solos.