viernes

10.4.15



La ciudad empresarial del Banco de Santander está en Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid. Hay una línea de metro de superficie que pasa por allí. Es una especie de tranvía nuevo y limpio, casi futurista. Al llegar a la ciudad empresarial, sin embargo, se nota cierta hostilidad al peatón, ya que todo está hecho para moverse en coche. Unos guardias de seguridad le dirigen a uno hacia su destino. En este caso era la exposición de arte de la Fundación. Como no se puede caminar por el recinto, un amable conserje llamó a un chófer que vino a buscarme exclusivamente a mí en un coche de la empresa.

Es bastante sorprendente tal despliegue gratuito y con el primer pollopera que se persona diciendo que quiere ver cuadros. La ruta es corta pero espectacular. Hay un campo de golf enorme y varios edificios modernísimos con amplios jardines bien recortados. Todo parece funcionar acompasada y eficientemente.

La sala de exposiciones de la Fundación es correcta. Tienen obras prescindibles, otras banales, y alguna conmovedora. Hay una pieza que simula ser un teatro, y en el que hay que entrar y ponerse unos auriculares, -y no desvelaré nada más, pero me pareció hermosísimo.     

Al terminar de ver todo aquello, que tampoco se tarda mucho, otro amable conserje vuelve a avisar al chófer que vuelve a recogerme y dejarme en la salida.

Todo ha sido suave, agradable y desconcertante. Esta ciudad empresarial se construyó, según parece, con pelotazo inmobiliario mediante. Se sabe que el dueño del banco en esos años era un tipejo bastante poco recomendable. Así que este sitio representa un poco lo peor del país en que vivimos; aunque si nos olvidamos su origen, la visita es gratificante.

3 comentarios:

L.C. dijo...

Pues yo no puedo olvidarlo.

Anónimo dijo...

la mujer de un ministro que trabajo conmigo decía cosas de este tipo:en las carreras de caballos de ayer estaba todo el mundo.El ministro afirmaba que su mundo era así de pequeño,no por su boda con él,porque su padre había sido coronel de intendencia y todo pasaba por sus manos.
Entrar en el interior de la pirámide debe ser maravilloso,sobre todo el momento en que te parece "lo natural"
Por favor dinos como se llama la dramatizacion por si pudiéramos verla fuera.

Anónimo dijo...

Entrar en un recinto de ricos como se entra en un museo arqueológico, con curiosidad y sin envidia,con interés por ver y no por arraigase, con el asombro de quien se pasea por recintos en los que lo normal no es ya que te resuelvan respetuosamente los problemas (lujo inalcanzable) es que te los creen por pura zafiedad, sin mayor beneficio.
Si nos tratáramos bien aquí, no tendríamos nada que envidiar allí ,donde se gastan lo que nos quitan.