jueves

26.3.15



Las series de televisión. A veces me aburro tanto con las personas de carne y hueso que anhelo volver a casa solo para ver alguna serie de ésas con personajes esquinados y profundos. Todo lo contrario que muchos madrileños, que son –si se me permite el burdo juego de palabras- lo que Sartre llamaría seriales: repetitivos, intercambiables, planos. 

miércoles

25.3.15



Hay dos maneras de escribir: una es altisonante y trascendente, y anhela la admiración del lector; otra es irónica y mundana, y lo que busca es su complicidad.

Huelga decir que me gustaría escribir siempre de la primera manera, y que solo me rebajo a la segunda por falta de pericia.

martes

24.3.15




Imagino mi muerte como una dulce evaporación, siendo ya centenario, cordialmente cansado de mi cuerpo, de despedirme de amigos, pero en paz y con memoria de una vida venturosa. Estoy en el jardín de un ancianato, uno amable y bien atendido, tumbando en una hamaca, contemplando en el horizonte cómo despegan media docena de trasbordadores con destino a Marte. Los miro con admiración y curiosidad. Para cuando el último ha partido, mis ojos se han cerrado. 

No hay deceso bueno, pero algunos al menos son tolerables.

Se acaba de morir en accidente de moto un primo de Charlie que tenía veinte años. Lo poco que le conocí parecía un tipo cordial y sano. Es espantoso, sin consuelo posible ¿qué quedará de él en unos años? Aunque sus seres próximos le sobrevivan y le recuerden durante muchas décadas, al final ya será una imagen caduca, apagada. Para su novia una historia triste de juventud que contar cuando quiera pasar por interesante, para sus padres un dolor que anega cualquier proyecto futuro.


Charlie me cuenta que el funeral estuvieron recordando anécdotas de la vida del chico, que según parece era muy divertido, y no podían evitar reír ante algunas. Eso me recuerda al fin de semana, ya que estuve de charla con dos indigentes a los que traté hace años, y que siguen mendigando enclavados en la Iglesia de las Calatravas. Antes eran tres, pero el tercero murió de cáncer en el 2009, después de que yo me fuera a Colombia. Sus dos compadres le recuerdan con desprecio e indiferencia. Dicen que era un ladrón sinvergüenza que además tenía muy mal carácter. 
Vaya contraste el de éste, que se murió dejando un sabor agrio.