jueves

Borges no es escritor, es jaqueca.
Asisto a clases donde se desmenuza en éxtasis los significados de “El aleph” y del “El sur” -que nos hacen sentir muy inteligentes cuando nos los explican y entonces los entendemos, porque si no ni modo.
Es un autor tan banal que tiene sentido que sea canónico para los postmodernos.


sábado

Toda la escuela postestructuralista francesa no vale lo que una coma en la obra sociológica de Camilo Torres.
Si el cura guerrillero no presentó una críptica tesis en la Sorbona en torno a la hermenéutica del sujeto deconstruido, o una sobre dialéctica posthegeliana en el contexto postcolonial, no es porque no tuviera capacidad, sino, más bien -qué pena con ustedes- tenía que hacer cosas sin duda más nimias, como levantar a un pueblo y derribar un régimen.

miércoles

Tal vez la filosofía europea tuvo un último momento de gloria en el París de los años 50. 
Allí el liberalismo de Aron se confrontaba con el existencialismo de Sartre mientras el humanismo marxista de Garaudy observaba al fondo.
O sea, se pensaba para mejorar.
Luego ya llegaron esos jovencitos ociosos que empezaron a predicar la muerte del hombre y el fin del lenguaje –lo que viene a ser el realismo cínico- y todo se echó a perder.