lunes

PENSAMIENTO ÚTIL



La claridad es la cortesía del filósofo.
José Ortega y Gasset

Me paso toda la tarde descifrando unas páginas de la Crítica del juicio (1790) de Kant. Al final he recurrido a una guía de lectura y creo que por fin he comprendido la tesis: la belleza es un símbolo de lo que es la moral, ya que sólo podemos intuirla y además no tiene utilidad. Unas tres horas para llegar a esto. De repente me he acordado de mi abuelita, campesina analfabeta de los Cárpatos, que decía cosas mucho más interesantes y además no me hacía perder el tiempo.

Hegel no es mucho mejor, ni cualquier romántico idealista alemán. El hilo de la pedantería y la voluntad de complejidad innecesaria nos lleva hasta Husserl, ya en el siglo XX. Luego se traslada a Francia, donde Derrida y los estructuralistas se encargan de inutilizar definitivamente a la filosofía como medio de comprensión y liberación.

Y aquí, hoy, vemos a nuestros profesores universitarios obnubilados precisamente por esta tradición idealista foránea. Como no saben lo que es trabajar de verdad, tienen muchas y subvencionadas horas para memorizar entelequias absurdas. Lo malo es que luego diseñan programas educativos y obligan a secundarles.

Mientras, el gran legado del pensamiento en español se convierte en curiosidad de hispanistas. Desde la Escuela de Salamanca hasta Ortega existen docenas de autores tan buenos o mejores que equivalentes extranjeros, pero cuya lectura es marginal precisamente por esa costra provinciana y hortera que los silencia desde las instituciones.

Nos dicen que en España no se ha hecho filosofía, sino pensamiento: pues genial, bienvenido sea el pensamiento, precisamente porque tiene vocación práctica frente al onanismo académico de la filosofía. También nos dicen que se mezcla con la literatura. Otro tanto a favor, no sólo se presenta con belleza sino que aspira a llegar a una mayoría de lectores. Las angustias de Unamuno son comprensibles para cualquier lector medio, sin tiempo ni ganas para florituras. Para entender a Heidegger hace falta haber dedicado años de estudios exclusivos a la filosofía. O sea, ser burgués.

Así que redescubramos a los autores nacionales. El 98, la Escuela de Madrid, el Exilio, los grandes del XX... En su empeño por mejorar la cultura nacional rechazaron dirigirse exclusivamente a eruditos. Querían ser entendidos. Ellos nos ayudan a elaborar un discurso vertebrado sobre la realidad y nuestra vida, que es la finalidad del pensar. Necesitamos claridad y ellos la aportan.

2 comentarios:

L.C. dijo...

Querido Mircea:

Al final va a ser usted un clásico...
Me encanta que usted mencione la Escuela de Salamanca. Creía que hoy en día sólo había quedado como lectura residual de tres locos de los Derechos Humanos, algún historiador entrado en años o para ancianitas como yo.
Y la novela de la generación del 98 es de mis favoritas con todos los peros que se les pueda poner.
Gracias por ponerlos en valor merecidamente en su blog.

Anónimo dijo...

Hola,

Completamente de acuerdo con usted. La pedantería sobra. Efectivamente, es una forma de dársela de importantes, de procurar demostrar que poseen un método científico al igual que las ciencias naturales. Naranjas de la china. La historia, la filosofía y la sociología pierden su más frcutífero valor cuando encriptan su mensaje mediante palabrotas de sabiondo.

El del chiste de parvulario,

Un saludo